Hoy quería cantar el embrujo de la navidad. Quería explicar lo que sentía dentro de mi lo que me llenaba, el amor, la ilusión, ese no se que que te inunda el alma cuando se aproxima este tiempo dulce de la Navidad. Y me he dado cuenta que hoy, al cabo de tantos años, cuando pienso en la Navidad, sigo siendo aquel niño de ayer, sigo teniendo las mismas ilusiones; por eso he pensado que la Navidad la llevamos dentro. No importa que la gente cante y ría a tu alrededor o que lloren y estén tristes si tu sientes dentro de tí esa Paz, esa sensación dulce que sentías cuando eras niño, si todavía el oír un villancico hace latir tu corazón con mas fuerza, es que llevas contigo la Navidad. Si. Los años han pasado, mí pelo se ha vuelto canoso, mí andar ya no es tan ligero, mis ojos ya no tienen el brillo que les daba la juventud. Durante toda mí vida he disfrutado del placer de la lectura; he gozado leyendo bellas historias, me han hecho llorar hermosas poesías y ahora, al recordarlo, me siento feliz.
Si. Porque al recordar no vienen a mí mente los afanes, las luchas, los malos tragos que a lo largo de toda mí vida me he encontrado en el camino. No. A la hora del recuerdo solo acuden a mí mente las cosas agradables, esas pequeñas cosas que llenan nuestra vida día a día, poco a poco, esas cosas que sin darnos cuenta sonla felicidad que perseguimos y que se desliza anuestro lado muchas veces si verla. Solo después, cuando revisas en tu interior el largo discurrir de los años con la perspectiva que le dan esos años trancurridos, te das cuenta que la has tenido a tu lado muchas veces.
Te das cuenta que la felicidad son esos pequeños goces que hemos disfrutado tantas veces y no nos dábamos cuenta. La lectura que nos agrada. Los niños jugando a nuestro alredor. La paz del hogar, una carta inesperada, una visita imprevista, ver como nuestros hijos se hacen hombres y mujeres y un día se van... como nosotros nos fuimos.
Si. Yo creo que todo eso es la felicidad, yo creo que todo eso que hoy recuerdo con nostalgia , pero satisfecho, es la felicidad. Y siempre estuvo ahí; siempre ha caminado mí lado. Muchas veces no la he visto, muchas veces incluso puedo haberme sentido desgraciado... ¡y la tenía ahí! Era el amor de nuestros padres. El cariño de nuestros hijos, era el afán y la lucha diaria.
Por eso ahora, al intentar describir la Navidad, me encuentro que no se puede describir, me encuentro que es como esas cosas pequeñas, amables, sencillas, que a lo largo de la vida nos hacen felices pero que no las ves, pero que no las sientes y sin embargo siempre están ahí, han vivido conmigo y son parte de mí vida.
Si. Eso es la Navidad. No solo canciones, alegría, sonar de panderetas, de zambombas, de la cuchara rascando soble botella para acompañar la copla...
"La Nochebuena se viene
la Nochebuena se va
y nosoros nos ieremos
y no volveremas mas".
Si, como dice la canción, nosotros nos iremos y no volveremos mas. Tal vez por eso la Navidad tiene ese no se que de añoranzas y de recuerdos. A veces tristes, porque siempre hay una Navidad en la que nos falta ese ser querido al que tanto amamos y que siempre estuvo a nuestro lado. De añoranzas, porque precisamente nos faltan esos seres queridos a los que seguimos llevando en el corazón. Esos mismos seres que nos inculcaron que la Navidad es sobre todo no solo una fiesta de familia, es sobre todo una fiesta de amor. Una fiesta de Paz.
Feliz Navidad amigos y amigas que me leeis.
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Una noche de invierno
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Una noche fría
del mas crudo invierno,
cuando corta el aire,
cuando quema el hielo,
cuando las estrellas...
cuando los luceros...
brillan como ascuas
que encienden el cielo.
Una noche clara
de limpios reflejos
-pero noche fría
del mas frío invierno-
una gran estrella
brillando en el cielo
alumbró la Tierra,
alumbró el sendero
para que unos Reyes
venidos de lejos
siguiendo su estela,
fueran recorriendo
todos los caminos
en su afán inquieto
de hallar... ¿en un trono?
al Rey de los cielos.
En sus manos llevan
tesoros inmensos...
la fe... la esperanza...
el amor sincero...
y en sus corazones...
-corazones buenos-
la firme creencia
de que los reflejos
de la estrella grande
que brilla en el cielo,
les lleva seguros
hasta el aposeno
en el que ha nacido
un Niño pequeño...
Un Niño divino,
que bajó del cielo
para amar al hombre
y ser su consuelo.
Al fin, en Belén,
en un portal viejo
semiderruido
al niño le vieron.
No había palacios
ni signos externos
de grandes riquezas...
allí solo vieron,
en vez de una cuna
de rico ornamento,
un pobre pesebre...
un Niño durmiendo...
una vieja mula...
un buey cuyo aliento
templaba el ambiente...
no se sorprendieron...
¬¡Aquel era el Rey
que bajó del cielo!
Lo dice la estrella...
el pesebre viejo
donde duerme el Niño,
-regalo del cielo...
con la vieja mula
y el buey con su aliento-,
es el mejor trono
que los reyes vieron...
la estrella lo alumbra...
y todo está lleno
de luz y alegría...
¬¡divino misterio!
Se postran los reyes
y adoran contentos
al Niño que duerme...
Ellos entendieron
que el Rey de los hombres
no viene del cielo
a gozar riquezas...
Y le dan incienso...
y mirra... y el oro...
Regalos sinceros
de reyes humanos
al Rey de los cielos.
Una noche fría...
en un crudo invierno...
cuando corta el aire...
cuando quema el hielo...
cuando las estrellas...
cuando los luceros...
brillan como ascuas
que encienden el cielo...